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REFLEXIONES EN TORNO A LA GÉNESIS DE LA FORMA. ÓCULOS
Sara Sairad
Junio de 2000

No cabe duda, de que la escultura, la tridimensionalidad, origina relaciones complejas. Por razones técnicas difíciles de documentar cuando es referida a los primeros estadios de la actividad escultórica del individuo. Las dimensiones objetuales plantean algunos problemas difíciles, específicamente escultóricos, aunque como denominador común, subyacen las formas simples, las cuales en más de una ocasión, se ha dicho, no satisfacen por mucho tiempo la necesidad del escultor.

Algunas soluciones dadas por Alfonso García, como es el caso de variaciones sobre el círculo: el sentido intuitivo del equilibrio del ojo, funciona como si se rebanase una rodaja de la esfera y y colocar una cara, ficticia e ilusoria en ocasiones, en el plano secante resultante. A modo de rostros planos, como máscaras, estilos arcaicos o tempranos de escultura, en las culturas africanas y las terracotas japonesas haniwa, así como en los primeros intentos de retrato escultórico de los estudiantes de arte occidentales. Se puede solucionar el problema más radicalmente reduciendo la cabeza o la figura entera a la planitud. Recordemos los idolillos de piedra encontrados en Troya y las islas Cícladas, los cuales están hechos de tabletas rectangulares de mármol en forma de violín. Aun donde se les ha dado algún relieve a las vistas frontal y posterior, no hay aún una vista lateral que se pueda considerar parte activa de un concepto tridimensional, habiendo primordialmente combinaciones en la obra bi y unidimensionales.

La escultura de Alfonso García, se engloba dentro de una simetría frontal estricta de la escultura primitiva, tal como en el arte egipcio y griego temprano, y la va abandonando poco a poco, concibiendo el cuerpo humano en dos dimensiones objetuales que en ocasiones añaden una ulterior diferenciación de la tercera dimensión. Sumar de este modo elementos inconexos es violar el concepto pretendido. Tal como para los asirios, lo importante es el carácter completo de cada vista en sí.

El artista llega gradualmente a la forma compleja a través de una secuencia orgánica de estadios, sin ir nunca más allá de lo que su vista a pretendido organizar y acostumbrándose a no aceptar nada que no pueda dominar. 

La profundidad y el espacio, lo consigue mediante oclusiones y superposiciones de líneas, lo cual crea siempre una tensión visual, una deseada dinámica, particularmente moderna.

El sentido intuitivo del equilibrio del ojo, habla de lo que sucede al mismo tiempo, de lo contemporáneo. Lo cual no remite a un lugar ya previamente dado, fuente u origen de la acción. No alude a un tiempo fuera del tiempo, algo extemporáneo, sino a una cierta inhabiltabilidad, la imposible reconciliación de un espacio y un tiempo adecuados, lo intespectivo, lo sin lugar.

Partiendo de la ilustración moderna, esencialmente interior, las obras que se sumergen en este espacio diáfano, íntimamente animadas, son miradas de modo que salimos nosotros hacia ellas, mientras con un dedo invisible recorremos el espacio que nos rodea, aparecemos en lugares distantes donde hay cosas, las tocamos, las atrapamos, mientras recorremos sus superficies, vamos siguiendo sus límites, exploramos su textura.

Observadores, 
vemos los empujes y tirones 
de los esquemas visuales 
como propiedades genuinas 
de los propios objetos percibidos, 
ligeros y confrontados entre sus partes y el todo, 
interactuando. 

Si no fuera así, las distintas y diversas inducciones, atracciones y repulsiones no podrían darse dentro del campo que nos compete, de la experiencia visual, donde las formas regulares acompañan sin reemplazar el sentido intuitivo del equilibrio del ojo.




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